¿Puedo ser más compasiva y amorosa si aprendo a meditar?

Apr 5, 2024 | Bienestar

Por Gerlys Velásquez

Todos hemos escuchado hablar sobre la meditación, no obstante, no todos saben de qué se trata esta práctica con exactitud, pues se imaginan que es solo sentarse en una determinada posición, colocar las manos de alguna manera y hacer algo con el cerebro para que “no piense”.

En realidad, la meditación es un entrenamiento de la mente, mediante la utilización de un estímulo particular, para que ésta no se deje distraer o dominar por pensamientos, por emociones o por cualquier sensación física.

Muchas personas dicen que es nada más “poner la mente en blanco”, pero eso no va a pasar nunca, salvo que te mueras.

En realidad, es mucho más sencillo, ya que se trata simplemente de no identificarse con los pensamientos y conectarnos con nosotros mismos y con el amor.

La meditación no es algo nuevo, no es una moda, de hecho, ha estado presente en todas las culturas y en todas las religiones, desde tiempos inmemorables y aunque se presentan distintas técnicas, siempre la esencia es la misma.

Y los beneficios, también son los mismos…

La meditación puede modificar tu cerebro

Existe un conjunto de estudios realizados por la neurocientífica Sara Lazar y su equipo.

Esta doctora y un amigo estaban entrenando para el maratón de Boston, pero tuvo algunas lesiones por correr, así que su fisioterapeuta le ordenó dejar de correr y hacer ejercicios de estiramiento. Por tal razón, ella comenzó a practicar yoga como una forma de terapia física.

El maestro decía que el yoga podría aumentar su compasión y abrir su corazón. Al principio, ella trataba de obviar esos comentarios y concentrarse en su objetivo: hacer estiramiento. Pero en realidad, empezó a notar con el tiempo que estaba más tranquila, más capaz de manejar situaciones difíciles y efectivamente, más compasiva y de corazón abierto, así que empezó a darse cuenta que esta práctica era muy poderosa, y que los beneficios eran reales, así que se interesó en evaluar cómo funcionaban el yoga y la práctica de la meditación que trae implícita esta actividad.

Primero pensó que tal vez era sólo la respuesta al placebo. Pero buscó información y encontró evidencia de que la meditación se ha asociado con una disminución de estrés, de la depresión, de la ansiedad, del dolor y del insomnio, y una mayor y mejor calidad de vida. Así que comenzó a investigar a profundidad.

El primer estudio se centró en los meditadores a largo plazo frente a un grupo control, encontrando que los meditadores a largo plazo tenían una mayor cantidad de materia gris en la ínsula y regiones sensoriales, la corteza auditiva y sensorial. Y también encontró que tenían más materia gris en la corteza frontal, lo que se asocia con la memoria de trabajo y la toma de decisiones.

Es importante destacar que la corteza se contrae a medida que envejecemos, por eso es que se va haciendo más difícil entender y recordar cosas. Pero en esta región de la corteza prefrontal, los meditadores de 50 años de edad, tenían la misma cantidad de materia gris que las personas de 25 años de edad.

En ese momento los detractores pensaron que la gente que medita es “muy rara”, y que en virtud de que casi todos son vegetarianos, quizá eso ocurría por la alimentación.

Así que se hizo un segundo estudio. Tomaron un grupo de personas que nunca había meditado antes, y pusieron un subgrupo en un programa de reducción de estrés basado en la atención plena (mindfulness), con una duración de ocho semanas.

Al finalizar, encontraron diferencias en el volumen del cerebro en varias regiones diferentes, en los cerebros de los dos grupos:

  1. El grosor de la corteza cingulada, que forma parte del sistema límbico, aumentó en el grupo meditador. Esta parte del cerebro es la responsable de la mayoría de los sentimientos, desde la emoción hasta la atención, el aprendizaje, la memoria y la percepción del dolor tanto físico como emocional.
  2. El hipocampo izquierdo, que cumple importantes funciones en el aprendizaje, las capacidades cognitivas, la memoria y la regulación de las emociones, aumentó de grosor en las personas que tomaron el programa de meditación.
  3. Hubo un incremento en la unión temporoparietal, que está asociada a las relaciones sociales, la perspectiva, la empatía y la compasión en los nuevos meditadores.
  4. La amígdala, la parte del cerebro responsable de la ansiedad, el miedo y el estrés, se redujo significativamente en el grupo que comenzó a meditar.

No solo se cuenta con los estudios de la Dra. Lazar, se han hecho muchos más, que indican otros beneficios de la meditación, tales como:

  • Reducción del riesgo de depresiones, los niveles de ansiedad y estrés. Inclusive un estudio concluyó que la meditación puede ser utilizada para tratar depresiones en un nivel similar al que se obtiene con el uso de las pastillas antidepresivas.
  • Reducción de los síntomas de ataques de pánico.
  • Mejoras en la habilidad de generar ondas gamma en el cerebro, este es el estado de hiperactividad y aprendizaje activo, adecuado de hecho para la retención de información.
  • Mejoras en el enfoque, atención y habilidad de trabajar bajo situaciones de estrés, manteniendo más calma y serenidad frente a estos eventos.
  • Reducción del dolor crónico y la intensidad de cualquier dolor, inclusive produciendo un efecto similar al de los analgésicos.
  • Ayuda a recordar más rápido.
  • Aumento de la creatividad.
  • Desarrollo de la intuición.
  • Reducción del riesgo de enfermedades cardiacas y derrames cerebrales.
  • Reducción de la presión arterial
  • Disminución del colesterol.
  • Desarrollo de un sistema inmunológico más fuerte.
  • Mejoras en la calidad del sueño.
  • Aumento de la producción de serotonina que mejora el humor y el comportamiento.
  • Aumento del patrón de ondas mentales al estado alfa, la cual promueve la curación de enfermedades preexistentes.

Y podría continuar presentando conclusiones de los múltiples estudios que se han realizado desde el ámbito científico, con respecto a los beneficios que trae la meditación para las personas, pero estos son solo algunos de los grandes provechos que podemos obtener en solo pocos meses, y con una dedicación de unos minutos diarios.

Lo más importante de resaltar es que todos los estudios convergen en un mismo razonamiento: meditar modifica la estructura física del cerebro, optimiza su funcionamiento, retrasa el deterioro y nos aporta más salud y más felicidad.

¿Puede cambiar mi cerebro aunque ya esté viejo?

Resulta curioso que hace años se pensaba que el cerebro y sus conexiones neuronales se fijaban durante los primeros años de vida, permanecían inalterables durante la edad adulta y solo cambiaban para entrar en declive una vez ancianos o como resultado de algún daño.

Y con todos los estudios científicos podemos entender que el cerebro tiene la capacidad de formar nuevas conexiones y generar neuronas nuevas a lo largo de toda la vida. De hecho, esta facultad es conocida como neuroplasticidad y supone que nuestro cerebro puede seguir evolucionando hasta el fin de nuestros días si lo entrenamos y lo estimulamos.

De esto se deduce que, efectivamente, tenemos al alcance la posibilidad de labrar nuestro cerebro para que desarrolle nuevas funciones y conexiones que nos permitan obtener nuevas habilidades y aprendizajes y esto se puede lograr a través de la meditación, ya que la meditación es una forma de entrenamiento mental.

Y recuerda que vivir a plenitud sí es posible.

Sígueme en Instagram, donde encontrarás información diaria de interés: @plus.fulness

Escucha este episodio de mi podcast aquí.